"ALÉGRATE MARÍA, LLENA DE GRACIA...

miércoles, 25 de marzo de 2020

...EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO!"

“Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo nacido de mujer”. Como culmen del amor por nosotros, envió Dios a su Unigénito, que se hizo hombre, para salvarnos y darnos la incomparable dignidad de hijos. Jesús se hizo realmente como nosotros, tomando naturaleza humana en las entrañas purísimas de la Virgen María. Dios pudo restaurar la naturaleza humana de múltiples maneras, pero eligió esta. La Encarnación es la plenitud de la cercanía de Dios con el hombre, es la manifestación suprema del amor divino por el hombre, y sólo la inmensidad de este amor puede explicarla.

Este es el misterio más entrañable y trascendental de la historia de la humanidad y, sin embargo, tuvo lugar en un pequeño pueblo de un país prácticamente desconocido, en “una virgen desposada con un hombre llamado José”. María escucha y pondera las palabras del ángel. Quedó turbada ante ellas, pero con una turbación que no la dejó paralizada. No opuso resistencia en su inteligencia y su corazón: todo estaba abierto a la voluntad divina, sin restricción alguna.

“He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. La respuesta de María es aún más definitiva que un simple . Es la entrega total a lo que el Señor quería de Ella en aquel momento y a lo largo de toda su vida. El que nos pide el Señor a cada uno se prolonga a lo largo de toda nuestra vida; nos lleva a no pensar demasiado en nosotros mismos y a estar atentos, con el corazón vigilante, hacia donde viene la voz de Dios que nos señala el camino.

Al contemplar este misterio, dejémonos amar por un Dios que se hace pequeño para estar cerca de nosotros; dejémonos abrazar y acompañar por una Madre que es modelo y maestra de una entrega sin límites, comprometida y gozosa.

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