SANTA MADRE DE DIOS

domingo, 1 de enero de 2023

“El año, que se abre bajo el signo de la Madre de Dios y nuestra, nos dice que la llave de la esperanza es María, y la antífona de la esperanza es la invocación Santa Madre de Dios”. 



En la homilía de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, el Papa Francisco reflexionó sobre un aspecto fundamental de la fe: “una noticia bellísima: Dios tiene una Madre y de ese modo se ha vinculado para siempre con nuestra humanidad, como un hijo con su madre, hasta el punto de que nuestra humanidad es su humanidad”. Y cómo de esta manera, Dios se hace cercano a la humanidad “abrazándola de forma real y plena”, y de esta forma expresa su amor.

Dios no nos ama de palabra, sino con hechos; no lo hace “desde lo alto”, de lejos, sino “de cerca”, desde el interior de nuestra carne, porque en María el Verbo se hizo carne, porque en el pecho de Cristo sigue latiendo un corazón de carne, que palpita por cada uno de nosotros”.


¡Feliz 2023!, y que en este nuevo año nos dejemos guiar de su mano, Ella nos llevará hasta el mejor lugar, hasta la presencia de Dios. 

EN BELÉN DIOS NACIÓ

lunes, 26 de diciembre de 2022

El corazón de quién hizo los cielos quiso darle a la tierra
una prueba de amor: eligió un corazón como el nuestro
y en el pecho de un niño a latir comenzó.


La humanidad esperaba al Mesías rodeado de gloria,
de esplendor y poder: Dios amó la humildad de María
y eligió la pobreza que abundaba en José.

HOY ESTARÁS CONMIGO

domingo, 20 de noviembre de 2022

La Solemnidad que celebramos «es como una síntesis de todo el misterio salvífico». Con ella se cierra el año litúrgico, después de haber celebrado todos los misterios de la vida del Señor, y se presenta a nuestra consideración a Cristo glorioso, Rey de toda la creación y de nuestras almas. Aunque las fiestas de Epifanía, Pascua y Ascensión son también de Cristo Rey y Señor de todo lo creado, la de hoy fue especialmente instituida para mostrar a Jesús como el único soberano ante una sociedad que parece querer vivir de espaldas a Dios.
En los textos de la Misa se pone de manifiesto el amor de Cristo Rey, que vino a establecer su reinado, no con la fuerza de un conquistador, sino con amor misericordioso que pone de manifiesto su corazón:

-Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. 
-En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso. 
Con esto, el Señor nos deja claro que no hace falta hacer grandes cosas para acercarnos a Él, sino, solo acercarse, y dejarse atraer por su presencia. 
Al ladrón, llamado Dimas, la fe le ilumina, pues aún reconociendo que hizo mal diciendo: «Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo» (Lc. 23, 41.), reconoce la realeza de Jesús, y la reconoce no delante de Cristo glorioso, sino ante un Cristo humillado y moribundo. Su fe entonces, es premiada: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Pide para el futuro, y recibe en el instante «hoy». No tendrá que esperar; Jesús ha expiado ya por él, le ha merecido la gracia del perdón, y para acogerla ha sido suficiente el arrepentimiento acompañado de la fe. 
De este modo, Cristo desde la cruz atrae a sí a los hombres; es el Buen Pastor que salva la oveja perdida, el Padre que acoge al hijo pródigo, el Rey que establece su Reino con el poder del amor y a precio de su sangre. 

Hemos de salir al encuentro de este Rey divino, que se presenta a nosotros con un aspecto tan humano, tan cercano; a este Rey que extiende sus brazos en la cruz y nos muestra la herida de su costado como símbolo de su amor

"SI, PADRE...

viernes, 18 de noviembre de 2022

...los perdono de todo corazón."
Estas fueron las palabras que nuestra Beata Madre Carmen respondió a su confesor cuando él, poco antes de su muerte, le pregunta si perdona a todos los que le han ofendido y calumniado. 
Esta respuesta no es algo improvisado es el resultado de una vida hecha de misericordia, de la misericordia de Dios traspasando el alma de nuestra querida Madre para derramarse sobre todos los que a ella se acercaban, misericordia concretada en obras y en gestos supremos de perdón.


Hace 9 días, y precisamente el día 9 de este mes, recordábamos el encuentro de nuestra Madre con Dios en el cielo. Recordábamos con emoción el broche final de toda una vida vivida por Dios y para Dios:
Ella superó con una altura espiritual extraordinaria todas las situaciones que la vida puede presentar a una mujer: niña y joven piadosa, alegre y caritativa; esposa entregada a Dios y fiel a su marido, sin escatimar esfuerzos en los largos años de su difícil matrimonio; viuda magnánima y de profunda espiritualidad; y religiosa ejemplar consagrada al Señor.

Si toda su vida estuvo orientada a Dios, en la recta final aceleró el paso; hablaba mucho del cielo. Así, desprendida de todo, mirando la imagen de la Virgen del Socorro, murió en el convento de Nuestra Señora de la Victoria, en Antequera, primera casa de la Congregación, el 9 de noviembre de 1899.
A ella le pedimos que nos haga como ella incansables en los esfuerzo por llevar el Amor y la Misericordia de Dios a todos los hombres y que desde el Cielo, dónde ya está plenamente unida a su amado Jesús, nos mire siempre y nos acompañe en cuanto emprendamos para que penetradas de su mismo espíritu lo hagamos todo buscando la mayor Gloria de Dios.

"SED SANTOS COMO YO SOY SANTO..."

martes, 1 de noviembre de 2022

Escribe San Juan: "Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Corderovestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. gritan con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero! ». (Ap. 7, 9-10).


"Con toda la Iglesia celebramos hoy la solemnidad de Todos los Santos. Celebramos, por tanto, la fiesta de la santidad. Esa santidad que, tal vez, no se manifiesta en grandes obras o en sucesos extraordinarios, sino la que sabe vivir fielmente y día a día. Una santidad hecha de amor a Dios y los hermano". (Papa Francisco).

Todos podemos y estamos llamados a ser santos. No es necesario hacer cosas grandes, pues basta con "hacer las cosas ordinarias con un amor extraordinario" (Santa Teresa de Calcuta). Y sabiendo que "a pesar de que somos pequeños, podemos aspirar a la santidad" (Santa Teresita del Niño Jesús). Y a esto llegamos conociendo a Cristo pobre y crucificado. 


El mismo Dios nos invita a participar de una santidad igual a la suya: "Sed santos, porque Yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo". (Lev. 19,2)