LA INMACULADA CONCEPCIÓN...

lunes, 11 de febrero de 2019

...Madre de todos, para alcanzarlo todo

Tenemos por Madre y protectora nuestra a la mismísima Madre de Dios. Todos estamos representados por San Juan cuando Jesús, en la Cruz, le entrega a su madre.
Nadie queda fuera del corazón de María. Ella es nuestra intercesora, puede alcanzarnos todo lo que convenga de su Hijo. 
Recurrir a Ella es un descanso para nuestra alma; alimenta nuestra fe, alienta nuestra esperanza y enciende nuestra caridad. Porque Ella jamás dudó, nunca desesperó y amó como ninguna criatura en la tierra lo hará.

El 11 de febrero, celebramos a la Virgen de Lourdes, que se apareció en una gruta a la pequeña pastorcita Bernardita. Ahí nos muestra su compasión por nuestras enfermedades. Comprende lo que su Hijo Jesús siempre quiere para nosotros: la salud de alma y cuerpo. Lourdes ha sido fuente de sanación física para mucha gente, y quizás ha sido este el milagro más visible que Dios ha realizado para confirmar y sostener la fe. Pero sin duda que la sanación espiritual, la conversión de las almas, ha sido el fruto más extraordinario que las generaciones han manifestado como evidencia de la potencia de los actos de Dios en esta tierra.




Hoy le pedimos:

“Dóciles a la invitación de tu voz maternal, oh Virgen Inmaculada de Lourdes, acudimos a tus pies en la humilde gruta donde aparecisteis para indicar a los extraviados el camino de la oración y penitencia, dispensando a los que sufren las gracias y prodigios de tu soberana bondad.
Recibid, oh reina compasiva, las alabanzas y súplicas que pueblos y naciones, unidos en la angustia y la amargura, elevan confiados a Ti.
¡Oh blanca visión del paraíso, aparta de los espíritus las tinieblas del error con la luz de la fe! ¡Oh mística rosa, socorre las almas abatidas, con el celeste perfume de la esperanza! ¡Oh fuente inagotable de aguas saludables, reanima los corazones endurecidos, con la ola de la divina caridad!
Haz que nosotros tus hijos, confortados por Ti en las penas, protegidos en los peligros, apoyados en las luchas, amemos y sirvamos a tu dulce Jesús, y merezcamos los goces eternos junto a Ti. Amén.”

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